domingo, 23 de septiembre de 2012

Señor Policía


Señor Policía: ¿latas de cerveza a 600 euros?
Generación perdida, Carmen Ruiz de Apodaca
"Señor policía, no saquemos las cosas de quicio, usted sabe mejor que yo que esta multa es injusta. Usted sabe que no tenemos trabajo, si no, no estaríamos aquí un lunes por la noche charlando en la calle y observando la decadencia de nuestro tiempo. Usted sabe que no hacemos ruido, que no molestamos, que no somos peligrosos, que sería injusto que nosotros pagáramos los agujeros del Estado o su propio malestar.
 Señor policía, usted sabe mejor que yo que a usted su trabajo no le gusta pero es el que le da de comer, que ya es mucho. Usted sabe como yo, que su trabajo podría estar encaminado a luchar contra la corrupción, contra esos cerdos que se enriquecen con sus impuestos; que bien podría, también, estar deteniendo a ese desgraciado que, dos calles más arriba, está desfigurando el rostro a su mujer porque la cena estaba fría; o podría estar impidiendo que toda una caravana de mujeres sean traídas a este país para ser explotadas sexualmente en contra de su voluntad, que es lo mismo que ser asesinadas lentamente; podría usted estar en los callejones más oscuros de la ciudad para que la gente asustadiza no tema volver a casa sola por si un desesperado prefiere ahogar sus propias penas con sexo o violencia en vez de con una lata de cerveza; podría usted estar haciendo labores humanitarias, mostrándoles a quienes no tienen hogar el camino del albergue más cercano; podría usted estar haciendo muchas otras cosas que le llenarían de orgullo a usted, a su familia y a mí. Y sin embargo, usted, Señor policía, a quien también engañaron con su hipoteca, y tendrá unos hijos cuya educación se verá mermada gracias a los recortes, que también verá cómo le bajan el sueldo, que también ha votado a unos dirigentes para los que usted no es menos cero que yo; usted, Señor policía, que está igual de jodido que todos, usted, Señor policía, va a ponerme una multa de 600 euros por beberme una lata de cerveza en la vía pública.
Pero le entiendo, Señor policía, yo no llevo un arma y por eso pienso todas estas cosas. Yo sé, Señor policía, que cuando uno tiene un arma, cuando uno se cree con autoridad, desaparecen los escrúpulos, la moral y la misericordia. Hay muchos estudios al respecto, Señor policía, no me lo invento yo, pero claro, usted ahora mismo tiene un arma, lo que lo aleja de su condición de hombre y le da una clara ventaja sobre cualquier otro ente únicamente pensante. Es una pena, Señor policía, pero cuando esta noche llegue a casa, después de ponerme la multa de 600 euros, después de haberle dado cuatro o cinco patadas a un negro para cachearle sin encontrar nada, cuando se quite el arma y recupere su estatus humano, al calor del cuerpo suave de su mujer, piense en ello. Piense, Señor policía en esto que le estoy diciendo y piense en la que se nos viene encima a todos los miserables que tenemos que beber cerveza en un parque al aire libre mientras pensamos cómo nos vamos a ganar la vida, cómo vamos a realizar nuestros sueños que llevan muchos años frustrados; piense en la que se nos avecina si de pronto, adquirimos una deuda con la administración, una deuda que irá en aumento al no poder pagarla, y todo, Señor policía, porque usted lleva un arma y le han dicho que esto está prohibido. Sí, lo entiendo, Señor policía, usted no dicta las normas, es su deber. Quédese tranquilo, Señor policía, póngame la multa que se hace tarde y su mujer le estará esperando".

2 comentarios:

  1. No puedo evitar escuchar tu voz mientras leo.
    Quiero más!!!

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  2. Me gusta lo que has escrito, ademàs tienes razón. Rosa

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